Cuando la monotonía acecha, cuando los malos rollos se acumulan, sientes el deseo interior de cambiarlo todo a tu gusto. ¿Y por qué no lo cambiamos? Porque carecemos del valor suficiente. Sin embargo cuando nos armamos de coraje explotamos con el fin de que, a base de elevar el tono, consigamos invertir algo.
Y esto, ¿nos garantiza que la situación cambie de rumbo? ¿Qué es mejor, que cantemos nuestra ira al viento, o escuchar el eco de un silencio?
Querer es poder amigo, pero hay cosas que ni la voluntad más intensa pueda cambiar.
(Ahora se escucha al graciosillo del fondo decir: "para todo lo demás, Master-Card").
Una tarde con Nono, no tiene precio (: xDDD
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